[ Narra Emma ]
El avión aterrizó a media tarde en la
isla. Mire por la ventana del aeropuerto. La verdad es que era un lugar
precioso.
- Vamos Emma - dijo Álvaro haciéndome un
gesto para que fuera a su lado y sacándome de mis pensamientos.
De camino al hotel fui mirando por la
ventanilla de la furgoneta el bonito paisaje que ofrecía la ciudad. Estábamos
en primera línea de playa, y el atardecer en el mar estaba precioso. Creo que
tenia bien claro lo que iba a hacer mientras los chicos estuvieran en la firma.
Llegamos al hotel y Álvaro subió las
maletas hasta nuestra habitación, una suite preciosa, con unas vistas parecidas
a las que había visto durante el viaje. En primer plano la piscina del hotel y
al fondo la playa, el sol ya casi había desaparecido detrás del mar.
Álvaro me agarro por la cintura y observo
unos segundos las maravillosas vistas.
- ¿Es preciso verdad? - asentí - Una pena
que vengamos a trabajar, algún di vendremos tu y yo solos ¿vale?
- Me lo tomo como una promesa - reí - pero aunque vengas a trabajar, tendrás un ratito para mi ¿no?
- Eso siempre - me besó
- Me lo tomo como una promesa - reí - pero aunque vengas a trabajar, tendrás un ratito para mi ¿no?
- Eso siempre - me besó
Tras unos golpes en la puerta la abrí sin
que Álvaro soltase aun mi cintura.
- Chicos, hay una fiesta de gala en el
hotel ¿os arregláis y bajáis?
- Por mi vale - dije mirando a Alv para pedirle opinión.
- Por mi también, danos media hora y estamos abajo.
- Por mi vale - dije mirando a Alv para pedirle opinión.
- Por mi también, danos media hora y estamos abajo.
(...)
No me apetecía arreglarme demasiado así
que elegí una camisa blanca y una falda negra con unos tacones bastante
simples. Álvaro en cambio si que se puso un traje de chaqueta y corbata. Le
quedaba taaaaaan bien...
(...)
El hotel estaba lleno de gente pija y
bastante mayor y la verdad es que no se podía decir que fuera la mejor fiesta
del mundo, ni la mas animada.
Habría que darle un poco de vida.
Me acerque a donde estaba Carlos hablando con un par de hombres que le habían preguntado por su color de pelo, no pude evitar reírme al escuchar la conversación.
Toqué el hombro de Carlos llamando su atención, cuando se giro di un paso hacia delante haciendo que me golpeara y me tirara una bebida al escote.
Habría que darle un poco de vida.
Me acerque a donde estaba Carlos hablando con un par de hombres que le habían preguntado por su color de pelo, no pude evitar reírme al escuchar la conversación.
Toqué el hombro de Carlos llamando su atención, cuando se giro di un paso hacia delante haciendo que me golpeara y me tirara una bebida al escote.
- Ay, Emma, lo siento, no sabia que
estuvieras tan cerca.- de disculpó cogiendo una servilleta.
- No pasa nada, hace calor, esto se limpia un poco y ya se seca solo - dije cogiendo su mano y colocándola sobre mi pecho para que lo secase.
- No pasa nada, hace calor, esto se limpia un poco y ya se seca solo - dije cogiendo su mano y colocándola sobre mi pecho para que lo secase.
Carlos incómodo me secaba poco a poco con
la servilleta.
- ¿Que ha pasado? - preguntó Álvaro que
había venido porque también estaba aburrido.
- Nada, me he acercado demasiado a Carlos y me ha tirado la bebida, culpa mía.
- ¿No sería mejor que subieras y te cambiases? - me sugirió Álvaro - un escote mojado llama la atención y no quiero tener que partirle la cara a ningún viejo...
- Pensándolo mejor, voy a ducharme y ya me quedo ahí arriba. Allí te espero - le guiñe un ojo y tras besar a Carlos en la mejilla subí a la habitación.
- Nada, me he acercado demasiado a Carlos y me ha tirado la bebida, culpa mía.
- ¿No sería mejor que subieras y te cambiases? - me sugirió Álvaro - un escote mojado llama la atención y no quiero tener que partirle la cara a ningún viejo...
- Pensándolo mejor, voy a ducharme y ya me quedo ahí arriba. Allí te espero - le guiñe un ojo y tras besar a Carlos en la mejilla subí a la habitación.
(...)
Salí de la ducha y me lié en una de las
toallas del hotel.
Me seque un poco el pelo y salí a la habitación.
No pude evitar pegar un salto al ver a Álvaro sentado en la cama, no esperaba que estuviese aquí tan pronto. Seguía llevando su traje y su corbata.
Me seque un poco el pelo y salí a la habitación.
No pude evitar pegar un salto al ver a Álvaro sentado en la cama, no esperaba que estuviese aquí tan pronto. Seguía llevando su traje y su corbata.
- ¿Ya has subido? Que pronto.
- Era la fiesta más muerta de toda la historia.
- Ya, lo he notado - reí.
- Era la fiesta más muerta de toda la historia.
- Ya, lo he notado - reí.
Me acerque a la maleta y saque mi pijama.
Iba a quitarme la toalla pero las manos de Álvaro sobre mis brazos me pararon.
Iba a quitarme la toalla pero las manos de Álvaro sobre mis brazos me pararon.
- Espera, no te quites la toalla.- me
pidió
- ¿Qué pasa? Ni que nunca me hubieras visto desnuda...
- Déjame que te la quite yo
- Si te hace ilusión... - reí
- No, tonta, así no, vamos a jugar
- ¿A jugar? - dije mordiéndome el labio.
- ¿Qué pasa? Ni que nunca me hubieras visto desnuda...
- Déjame que te la quite yo
- Si te hace ilusión... - reí
- No, tonta, así no, vamos a jugar
- ¿A jugar? - dije mordiéndome el labio.
Me empujo contra la pared y besó mi boca y
después mi cuello.
Acaricie su pelo con mis manos y me agarré a su cuello. Di un salto y me cogí a su cintura con las piernas.
Me llevó hasta la cama y me dejó caer.
Se tumbó encima de mí y empecé a desabrocharle el cinturón.
Acaricie su pelo con mis manos y me agarré a su cuello. Di un salto y me cogí a su cintura con las piernas.
Me llevó hasta la cama y me dejó caer.
Se tumbó encima de mí y empecé a desabrocharle el cinturón.
- Shh, espera, no hay prisa. - dijo
sujetándome las manos.
- ¿Me quieres hacer sufrir hoy o qué?
- Solo un poquito- rió
- ¿Me quieres hacer sufrir hoy o qué?
- Solo un poquito- rió
Mantenía mis manos sujetas sobre mi cabeza
y con la otra se quito la corbata y la llevo hasta mis muñecas.
- Álvaro ¿que haces?
- Jugar - dijo riéndose a carcajadas.
- Jugar - dijo riéndose a carcajadas.
Paso la corbata, de tela suave alrededor
de mis muñecas y después alrededor de uno se los barrotes de la cama y la ató
con fuerza.
Me quitó la toalla despacio y recorrió
todos los rincones de mi cuerpo con su boca.
Se tumbó encima mío dejándome inmóvil bajo sus caderas y dios santo, si que tenía ganas de jugar sí.
Se quitó la camisa y por fin pude sentir su piel contra la mía.
Me apetecía acariciarle los abdominales, el pelo y la barba, pero no podía, me removía, inquieta y eso a Álvaro parecía divertirle.
Se tumbó encima mío dejándome inmóvil bajo sus caderas y dios santo, si que tenía ganas de jugar sí.
Se quitó la camisa y por fin pude sentir su piel contra la mía.
Me apetecía acariciarle los abdominales, el pelo y la barba, pero no podía, me removía, inquieta y eso a Álvaro parecía divertirle.
Se quito el cinturón y con las piernas empuje sus pantalones hasta quitárselos.
Quise hacer lo mismo con los bóxer pero no me dejó.
- Te he dicho que no hay prisa - me
repitió.
- Álvaro, si que la hay, joder
- No, así sabrás lo que siente Carlos cada vez que le calientas y no puede tocarte.
- Álvaro, si que la hay, joder
- No, así sabrás lo que siente Carlos cada vez que le calientas y no puede tocarte.
¿QUÉ? ¿Cómo lo sabía? Lo que me faltaba,
yo atada y Álvaro vengativo. La noche iba a ser larga.
Me quitó el sujetador y después jugó con
la goma de mis bragas.
Acariciaba mis caderas y mis muslos y yo no podía moverme, estaba atada de manos y con el cuerpo inmovilizado bajo su cintura. Me estaba haciendo sufrir y lo peor es que le estaba encantando.
Por fin se decidió a quitarme la ropa que me quedaba.
Se tumbó por completo encima mío y me besó con mucha delicadeza.
Hizo unos círculos con su dedo sobre mi ombligo y comenzó a bajar hasta que lo llevó a mi ingle. Se me tensaron los músculos. Se fue acercando poco a poco hasta que... Dios mío... bendito sea quien le enseñara a usar así la mano.
Mis caderas se movían ya involuntariamente. Quería suplicarle que lo hiciera ya pero de mi boca no salían las palabras.
Acariciaba mis caderas y mis muslos y yo no podía moverme, estaba atada de manos y con el cuerpo inmovilizado bajo su cintura. Me estaba haciendo sufrir y lo peor es que le estaba encantando.
Por fin se decidió a quitarme la ropa que me quedaba.
Se tumbó por completo encima mío y me besó con mucha delicadeza.
Hizo unos círculos con su dedo sobre mi ombligo y comenzó a bajar hasta que lo llevó a mi ingle. Se me tensaron los músculos. Se fue acercando poco a poco hasta que... Dios mío... bendito sea quien le enseñara a usar así la mano.
Mis caderas se movían ya involuntariamente. Quería suplicarle que lo hiciera ya pero de mi boca no salían las palabras.
- Álvaro... por…fa…favor... - conseguí
decir.
- Ya voy, ya voy, que impaciente estás eh - rió. Estaba disfrutando de verme sufrir.
- Ya voy, ya voy, que impaciente estás eh - rió. Estaba disfrutando de verme sufrir.
Por fin se decidió. Aparto la mano de mi y
comenzó a bajar sus bóxer liberándose. Le ayude con los pies para que se diera más
prisa.
Se tumbo sobre mí y me besó. Me agarré con las piernas a su cintura. Venga ¿a qué esperas? Lo notaba contra mí pero no hacía nada.
Agarró sus manos junto a las mías donde había atado la corbata y utilizando el hierro en el que me había atado se impulsó para empujar con el doble de fuerza. No pude evitar gritar su nombre. Repitió el movimiento con más fuerza y volví a gritar. Al final el hacerme esperar, como él también había tenido que esperar había sido una buena idea.
Estiró de uno de los extremos de la corbata y lo desató.
Sin pensármelo dos veces lleve mis manos a su espalda y a su pelo.
La corbata había dejado marcas en mis muñecas.
Siguió repitiendo lo mismo una y otra vez sin dejar de besarme hasta que hizo el movimiento por última vez, con más fuerza que nunca, ahogo mi grito con un beso y cayó a mi lado.
Se tumbo sobre mí y me besó. Me agarré con las piernas a su cintura. Venga ¿a qué esperas? Lo notaba contra mí pero no hacía nada.
Agarró sus manos junto a las mías donde había atado la corbata y utilizando el hierro en el que me había atado se impulsó para empujar con el doble de fuerza. No pude evitar gritar su nombre. Repitió el movimiento con más fuerza y volví a gritar. Al final el hacerme esperar, como él también había tenido que esperar había sido una buena idea.
Estiró de uno de los extremos de la corbata y lo desató.
Sin pensármelo dos veces lleve mis manos a su espalda y a su pelo.
La corbata había dejado marcas en mis muñecas.
Siguió repitiendo lo mismo una y otra vez sin dejar de besarme hasta que hizo el movimiento por última vez, con más fuerza que nunca, ahogo mi grito con un beso y cayó a mi lado.
Sigue porfavor omg
ResponderEliminarEsto es buenisimo, tienes que seguirla, me desespero!
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