- Me lo tomo como una promesa - reí - pero aunque vengas a trabajar, tendrás un ratito para mi ¿no?
- Eso siempre - me besó
- Por mi vale - dije mirando a Alv para pedirle opinión.
- Por mi también, danos media hora y estamos abajo.
Habría que darle un poco de vida.
Me acerque a donde estaba Carlos hablando con un par de hombres que le habían preguntado por su color de pelo, no pude evitar reírme al escuchar la conversación.
Toqué el hombro de Carlos llamando su atención, cuando se giro di un paso hacia delante haciendo que me golpeara y me tirara una bebida al escote.
- No pasa nada, hace calor, esto se limpia un poco y ya se seca solo - dije cogiendo su mano y colocándola sobre mi pecho para que lo secase.
- Nada, me he acercado demasiado a Carlos y me ha tirado la bebida, culpa mía.
- ¿No sería mejor que subieras y te cambiases? - me sugirió Álvaro - un escote mojado llama la atención y no quiero tener que partirle la cara a ningún viejo...
- Pensándolo mejor, voy a ducharme y ya me quedo ahí arriba. Allí te espero - le guiñe un ojo y tras besar a Carlos en la mejilla subí a la habitación.
Me seque un poco el pelo y salí a la habitación.
No pude evitar pegar un salto al ver a Álvaro sentado en la cama, no esperaba que estuviese aquí tan pronto. Seguía llevando su traje y su corbata.
- Era la fiesta más muerta de toda la historia.
- Ya, lo he notado - reí.
Iba a quitarme la toalla pero las manos de Álvaro sobre mis brazos me pararon.
- ¿Qué pasa? Ni que nunca me hubieras visto desnuda...
- Déjame que te la quite yo
- Si te hace ilusión... - reí
- No, tonta, así no, vamos a jugar
- ¿A jugar? - dije mordiéndome el labio.
Acaricie su pelo con mis manos y me agarré a su cuello. Di un salto y me cogí a su cintura con las piernas.
Me llevó hasta la cama y me dejó caer.
Se tumbó encima de mí y empecé a desabrocharle el cinturón.
- ¿Me quieres hacer sufrir hoy o qué?
- Solo un poquito- rió
- Jugar - dijo riéndose a carcajadas.
Se tumbó encima mío dejándome inmóvil bajo sus caderas y dios santo, si que tenía ganas de jugar sí.
Se quitó la camisa y por fin pude sentir su piel contra la mía.
Me apetecía acariciarle los abdominales, el pelo y la barba, pero no podía, me removía, inquieta y eso a Álvaro parecía divertirle.
- Álvaro, si que la hay, joder
- No, así sabrás lo que siente Carlos cada vez que le calientas y no puede tocarte.
Acariciaba mis caderas y mis muslos y yo no podía moverme, estaba atada de manos y con el cuerpo inmovilizado bajo su cintura. Me estaba haciendo sufrir y lo peor es que le estaba encantando.
Por fin se decidió a quitarme la ropa que me quedaba.
Se tumbó por completo encima mío y me besó con mucha delicadeza.
Hizo unos círculos con su dedo sobre mi ombligo y comenzó a bajar hasta que lo llevó a mi ingle. Se me tensaron los músculos. Se fue acercando poco a poco hasta que... Dios mío... bendito sea quien le enseñara a usar así la mano.
Mis caderas se movían ya involuntariamente. Quería suplicarle que lo hiciera ya pero de mi boca no salían las palabras.
- Ya voy, ya voy, que impaciente estás eh - rió. Estaba disfrutando de verme sufrir.
Se tumbo sobre mí y me besó. Me agarré con las piernas a su cintura. Venga ¿a qué esperas? Lo notaba contra mí pero no hacía nada.
Agarró sus manos junto a las mías donde había atado la corbata y utilizando el hierro en el que me había atado se impulsó para empujar con el doble de fuerza. No pude evitar gritar su nombre. Repitió el movimiento con más fuerza y volví a gritar. Al final el hacerme esperar, como él también había tenido que esperar había sido una buena idea.
Estiró de uno de los extremos de la corbata y lo desató.
Sin pensármelo dos veces lleve mis manos a su espalda y a su pelo.
La corbata había dejado marcas en mis muñecas.
Siguió repitiendo lo mismo una y otra vez sin dejar de besarme hasta que hizo el movimiento por última vez, con más fuerza que nunca, ahogo mi grito con un beso y cayó a mi lado.