[ Narra Emma ]
- ¡Míralo! ¡Ahí está! - dijo mientras comenzaba a correr entre la gente.
Intente seguirla, pero tras chocar con un par de señoras la perdí. Ya no la veía , había desaparecido entre la gente ¿y ahora que hacía yo?
Miré de un lado para otro. Ni rastro de Helen.
- Perdona ¿Emma? - dijo un chico que se puso delante mío.
- Sí, soy yo ¿qué pasa?
El chico no pronunció ni una palabra más, me puso un papel en la mano y se fue. Mi cara en esos momentos tenía que ser un poema, no había visto cosa más rara en mi vida. Pensé en tirar aquel papel pero la curiosidad me pudo y lo abrí.
"¿Que mejor para empezar de cero que regresar al lugar donde comenzó todo?"
Tan solo esa frase escrita a boli sobre aquel papel. Nada más. Le di varias vueltas al papel buscando algo más de información. Pero nada. Era una simple servilleta. Al darme cuenta de que era una servilleta me fije en el logotipo. Lo reconocí aunque no estaba segura de quererlo haber hecho. Era el de la discoteca donde casi un año antes había ido con las chicas, Carlos y el resto del grupo. Pensé que a lo mejor alguien quería que fuese allí...
¿Pero que estaba diciendo? Esas cosas solo pasan en las películas. Seria algún loco gastándome una broma y lo de la servilleta pura coincidencia.
A pesar de aquellos pensamientos, algo dentro de mi me hizo salir de aquel enorme parque y pedir un taxi.
[...]
Llegué a la puerta de aquella discoteca, una nube de recuerdos me bombardeó. Me acerque a la puerta, había un cartel.
"Cerrado, fiesta privada"
Era de esperar ¿como había podido imaginar que alguien haría algo así? Era una broma y yo había picado como una tonta.
Me di la vuelta, enfadada, pediría un taxi y me iría a casa. Si había sido idea de Helen no tenia gracia.
Paré un segundo en seco al darme cuenta de un pequeño detalle. ¿El cartel estaba escrito en español? ¿Qué hacía un cartel en español en una discoteca en pleno centro de New York? ¿O es que me estaba volviendo loca? Me di la vuelta para comprobar si mi sospecha era cierta.
- Disculpe, señorita Emma, la estábamos esperando para una fiesta privada.
Tenía a Álvaro de pié delante mío, llevaba una camisa blanca y unos pantalones negros. Estaba más guapo que nunca. Se me escapó una pequeña risita ¿qué hacía allí?
Sin decir nada me tendió su mano y me invitó a pasar a la discoteca. No había nadie, tan solo una mesa con una velita en el centro. Álvaro me acompaño hasta la mesa y movió la silla para que me sentara. Muy clásico sí, pero me gustaba.
La cena comenzó en silencio, ni una sola palabra, solo miradas que hablaban por si solas. Y es que tenía unos ojos tan preciosos, ese chico era capaz de transmitir todo con una simple mirada, cosa que a mí me volvía loca y me había llevado a hacer locuras.
- Bueno ¿me vas a explicar a qué viene todo esto?
- Me dijiste que me lo currara ¿no? Y pues eso he hecho.
- ¿Y así te lo curras? ¿Sin pronunciar palabra?
- Eh, señorita, la noche solo acaba de empezar.
Se levanto de la mesa y me dio su mano. Yo la cogí y lo acompañe hasta la pista de baile. Él puso una música lenta y agarró mi cintura, yo me sujete con los brazos a su cuello y comenzamos a bailar lenta mente.
Al cabo de unos minutos acercó su boca a mi oído.
- Me provocas algo más... no se definirlo...
Entre tú y yo algo raro sucede,
Pude confiar en ti, nada más conocerte.
Bajé la guardia y subí mis apuestas.
Quise arriesgarme a ti sin pedir cuentas...
Entono esas palabras en mi oído, su voz era dulce y tranquilizadora. Tras cantar esto me miró a los ojos. Otra vez su mirada, volviéndome loca. Acercó sus labios a los míos, los rozó y dejándome con las ganas de aquel beso se separó de mi apago la música y agarró mi mano.
- Vámonos, aún queda mucha noche por delante.
Me saco corriendo de aquella discoteca y me llevo en un taxi hasta Central Park. Pagó el taxi y salió corriendo sin soltarme la mano. Corrimos por los caminos de aquel inmenso parque hasta llegar a uno de los sitios más escondidos y solitarios. Se tiró boca arriba sobre el césped arrastrándome a mí de la mano y haciendo que cayese encima de él.
De nuevo nuestras caras a pocos centímetros y nuestras bocas rozándose, pero una vez más me dejó sin aquel beso. Me empujo para que me quedase tumbada a su lado.
- Mira las estrellas, que bonitas - dijo mirando al cielo.
- No se ven las estrellas, estamos en pleno centro de New York, hay demasiada luz. - respondí en tono burlón.
- Anda mira, si las rubias también piensan.
- No fastidies la noche, que está yendo muy bien.
- Me alegro de que te haya gustado.
- ¿Y ahora qué? ¿Ya ha acabado?
- Si, ¿o es que has echado en falta algo?
- Pues sí, la verdad es que me ha faltado un detalle.
- ¿Ah sí? ¿cuál?
Me acerque a él y le besé, esta vez mucho más dulce y lenta que todas las otras.
- Ahora sí, ya está completa la noche. - sonreí.
Álvaro me devolvió la sonrisa y me abrazó. Nos quedamos un rato abrazados, él me acariciaba el pelo.
- ¿Ya va siendo hora de que te acompañe a casa no? - dijo levantándose.
Le hice caso y comenzamos a andar por las calles de aquella ciudad hasta llegar a mi casa.
Me acompaño hasta arriba y en la puerta paramos los dos. Abrí la puerta y pasé.
- ¿Quieres pasar? Creo que tenemos la casa para nosotros solos, le sonreí.
- ¿Y hacerlo sin arriesgarnos a que nos pille nadie? Eso es demasiado aburrido para nosotros Emma -rió.
- Tonto... si quieres llamo a la policía a ver si nos pillan ellos cuando lleguen.
- Y me dice a mi tonto... No Emma. Además, tú me pediste que te demostrara que para mi no eras solo sexo así que eso joderia toda la noche. - se quedó callado unos segundos - Buenas noches. - Me besó por última vez y se fue.
- ¡Míralo! ¡Ahí está! - dijo mientras comenzaba a correr entre la gente.
Intente seguirla, pero tras chocar con un par de señoras la perdí. Ya no la veía , había desaparecido entre la gente ¿y ahora que hacía yo?
Miré de un lado para otro. Ni rastro de Helen.
- Perdona ¿Emma? - dijo un chico que se puso delante mío.
- Sí, soy yo ¿qué pasa?
El chico no pronunció ni una palabra más, me puso un papel en la mano y se fue. Mi cara en esos momentos tenía que ser un poema, no había visto cosa más rara en mi vida. Pensé en tirar aquel papel pero la curiosidad me pudo y lo abrí.
"¿Que mejor para empezar de cero que regresar al lugar donde comenzó todo?"
Tan solo esa frase escrita a boli sobre aquel papel. Nada más. Le di varias vueltas al papel buscando algo más de información. Pero nada. Era una simple servilleta. Al darme cuenta de que era una servilleta me fije en el logotipo. Lo reconocí aunque no estaba segura de quererlo haber hecho. Era el de la discoteca donde casi un año antes había ido con las chicas, Carlos y el resto del grupo. Pensé que a lo mejor alguien quería que fuese allí...
¿Pero que estaba diciendo? Esas cosas solo pasan en las películas. Seria algún loco gastándome una broma y lo de la servilleta pura coincidencia.
A pesar de aquellos pensamientos, algo dentro de mi me hizo salir de aquel enorme parque y pedir un taxi.
[...]
Llegué a la puerta de aquella discoteca, una nube de recuerdos me bombardeó. Me acerque a la puerta, había un cartel.
"Cerrado, fiesta privada"
Era de esperar ¿como había podido imaginar que alguien haría algo así? Era una broma y yo había picado como una tonta.
Me di la vuelta, enfadada, pediría un taxi y me iría a casa. Si había sido idea de Helen no tenia gracia.
Paré un segundo en seco al darme cuenta de un pequeño detalle. ¿El cartel estaba escrito en español? ¿Qué hacía un cartel en español en una discoteca en pleno centro de New York? ¿O es que me estaba volviendo loca? Me di la vuelta para comprobar si mi sospecha era cierta.
- Disculpe, señorita Emma, la estábamos esperando para una fiesta privada.
Tenía a Álvaro de pié delante mío, llevaba una camisa blanca y unos pantalones negros. Estaba más guapo que nunca. Se me escapó una pequeña risita ¿qué hacía allí?
Sin decir nada me tendió su mano y me invitó a pasar a la discoteca. No había nadie, tan solo una mesa con una velita en el centro. Álvaro me acompaño hasta la mesa y movió la silla para que me sentara. Muy clásico sí, pero me gustaba.
La cena comenzó en silencio, ni una sola palabra, solo miradas que hablaban por si solas. Y es que tenía unos ojos tan preciosos, ese chico era capaz de transmitir todo con una simple mirada, cosa que a mí me volvía loca y me había llevado a hacer locuras.
- Bueno ¿me vas a explicar a qué viene todo esto?
- Me dijiste que me lo currara ¿no? Y pues eso he hecho.
- ¿Y así te lo curras? ¿Sin pronunciar palabra?
- Eh, señorita, la noche solo acaba de empezar.
Se levanto de la mesa y me dio su mano. Yo la cogí y lo acompañe hasta la pista de baile. Él puso una música lenta y agarró mi cintura, yo me sujete con los brazos a su cuello y comenzamos a bailar lenta mente.
Al cabo de unos minutos acercó su boca a mi oído.
- Me provocas algo más... no se definirlo...
Entre tú y yo algo raro sucede,
Pude confiar en ti, nada más conocerte.
Bajé la guardia y subí mis apuestas.
Quise arriesgarme a ti sin pedir cuentas...
Entono esas palabras en mi oído, su voz era dulce y tranquilizadora. Tras cantar esto me miró a los ojos. Otra vez su mirada, volviéndome loca. Acercó sus labios a los míos, los rozó y dejándome con las ganas de aquel beso se separó de mi apago la música y agarró mi mano.
- Vámonos, aún queda mucha noche por delante.
Me saco corriendo de aquella discoteca y me llevo en un taxi hasta Central Park. Pagó el taxi y salió corriendo sin soltarme la mano. Corrimos por los caminos de aquel inmenso parque hasta llegar a uno de los sitios más escondidos y solitarios. Se tiró boca arriba sobre el césped arrastrándome a mí de la mano y haciendo que cayese encima de él.
De nuevo nuestras caras a pocos centímetros y nuestras bocas rozándose, pero una vez más me dejó sin aquel beso. Me empujo para que me quedase tumbada a su lado.
- Mira las estrellas, que bonitas - dijo mirando al cielo.
- No se ven las estrellas, estamos en pleno centro de New York, hay demasiada luz. - respondí en tono burlón.
- Anda mira, si las rubias también piensan.
- No fastidies la noche, que está yendo muy bien.
- Me alegro de que te haya gustado.
- ¿Y ahora qué? ¿Ya ha acabado?
- Si, ¿o es que has echado en falta algo?
- Pues sí, la verdad es que me ha faltado un detalle.
- ¿Ah sí? ¿cuál?
Me acerque a él y le besé, esta vez mucho más dulce y lenta que todas las otras.
- Ahora sí, ya está completa la noche. - sonreí.
Álvaro me devolvió la sonrisa y me abrazó. Nos quedamos un rato abrazados, él me acariciaba el pelo.
- ¿Ya va siendo hora de que te acompañe a casa no? - dijo levantándose.
Le hice caso y comenzamos a andar por las calles de aquella ciudad hasta llegar a mi casa.
Me acompaño hasta arriba y en la puerta paramos los dos. Abrí la puerta y pasé.
- ¿Quieres pasar? Creo que tenemos la casa para nosotros solos, le sonreí.
- ¿Y hacerlo sin arriesgarnos a que nos pille nadie? Eso es demasiado aburrido para nosotros Emma -rió.
- Tonto... si quieres llamo a la policía a ver si nos pillan ellos cuando lleguen.
- Y me dice a mi tonto... No Emma. Además, tú me pediste que te demostrara que para mi no eras solo sexo así que eso joderia toda la noche. - se quedó callado unos segundos - Buenas noches. - Me besó por última vez y se fue.
Me ha encantado!! Alv y Emma tienen que acabar juntos.. ademas que se lo esta currando mucho Alvarito eh. Sube pronto!
ResponderEliminarBesos de @carla_dreamer