[ Narra Emma ]
- No quiero explicaciones Álvaro, se acabo, ahora tu estas ahí, yo aquí y no
voy a volver, nuestras vidas se han separado, no hace falta que esto acabe
peor, olvidemos y ya esta - deje de hablar, no oía nada al otro lado del
teléfono - ¿Álvaro? - Había colgado. Imbécil.
- No quiero que nuestras vidas se separen. - El corazón me dio un vuelco al
oír esas palabras detrás de mí.
- ¿Álvaro? ¿Qué haces aquí?
- He venido a por ti.
- ¿No te molestaste ni en despedirte y ahora quieres que vuelva? ¿Qué pasa
que si no estoy yo sufriendo no mola ser el novio de Lidia?
- Yo ya no soy el novio de Lidia.
- Ah, cierto, ahora eres su marido, lo siento. - dije dándome la vuelta para
que no viese que estaba a punto de llorar.
- Tampoco soy su marido, Emma, no me casé, la deje en el altar, me di cuenta
de que la chica que de verdad quería no era la que estaba en el altar, sino la
que estaba a punto de irse e intenté llegar al aeropuerto, pero ya era tarde,
el avión estaba despegando. He venido en cuanto he podido. - hizo una pausa, me
giró la cabeza y me miró a los ojos - Emma, te quiero.
- ¿Y ahora que Álvaro? ¿Lo dices ahora que vivimos a kilómetros de
distancia? Llegas un poco tarde.
- O sea ¿dejo a mi novia tirada en el altar y me vengo hasta el otro lado
del océano a por ti y ahora me dices que llego tarde?
- Yo no te obligue a hacerlo.
- Está bien, pues me vuelvo a España y ya me pedirás que vuelva a por ti.-
dijo dirigiéndose a la puerta.
- No estés tan seguro. - dije esperando a que saliese - venga ¿a que
esperas? Vete.
- No se abre la puerta.
Me acerqué a intentar abrirla, imposible, había que abrirla desde fuera.
- No se puede, si es que para que la cierras imbécil.
- ¿Y yo que sabía?
- Olvídame - no quería seguir hablando con el - EH. AYUDADNOS ESTAMOS AQUÍ
DENTRO. - grité.
[ ... ]
Llevábamos bastante rato ahí metidos. Yo seguía intentando llamar la
atención de los que había fuera, pero era imposible que nos oyeran, la música
estaba muy alta.
Me estaba poniendo nerviosa y no dejaba de dar vueltas de un lado para otro.
- Si sigues paseándote por delante mío con esa fadita corta mi autocontrol
se va a la mierda - dijo Álvaro.
- ¿Autocontrol? Tu no tienes de eso.
- Ya, y tu tampoco ¿no?
- Yo tengo de sobra.
- Ya claro, por eso te expulsaron del instituto.
- Eso fue culpa tuya, gilipollas.
- Esta bien esto de recordar viejos tiempos ¿no?
- Si, como cuando ni te dignaste a venir a mi fiesta de despedida.
- No, no me refiero a eso. - New York, una discoteca, el baño, la música muy
alta, nadie que pueda oírnos... ¿recuerdas como empezó todo?
- Pues si te piensas que va a acabar igual estas muy equivocado. - dije
dándole un último golpe a la puerta.
Se acercó por la espalda y me agarro de la cintura.
- ¿Estás segura? - me susurró al oído.
- Álvaro, no, para.
- ¿Y si no paro qué? - beso mi cuello. Sabía perfectamente que ese era mi
punto débil.
- Que con tu falta de autocontrol y el mío que es escaso va a acabar pasando
algo que no queremos.
- No querrás tu... - rio - ¿pero que digo? Si lo estas deseando.
- Estas muy pero que muy equivocado.
Yo decía que no, pero mi cuerpo estaba pidiendo a gritos que siguiera. Me
dio la vuelta y me empujo contra la puerta. Le besé.
- Te dije que pararas.
- No quiero parar.
- Ni yo que pares.
Comenzó a besarme, cada vez con más ganas. Ambos caímos al suelo sin dejar
de besarnos.
Álvaro se colocó encima mío y me quitó la camiseta. Yo hice lo mismo con la
suya. No quería esperar más. Pero como siempre a él le gustaba hacerme esperar,
jugar conmigo. Me quito la falda dejándome en ropa interior. Se quitó el
cinturón, e hizo lo mismo con su pantalón. Me di la vuelta quedando
abierta de piernas sobre su cintura y besé sus abdominales. Estuve poco tiempo
así ya que él volvió a tomar el control colocándose encima mío. Álvaro besaba
todos y cada uno de los centímetros de mi cuerpo haciendo que yo fuera incapaz
de pronunciar una sola palabra.
- Álvaro, hazlo ya por favor - conseguí decir.
Subió poco a poco desde mi cintura besando mi vientre hasta llegar a mi
cuello y después a mi boca para volverla a besar. Se levantó y me dio su
mano para que me levantara yo también. Sin dejar de besarme me llevó hasta la
encimera donde estaban los lavabos. Me agarró por la cintura y me sujete con
los brazos a su cuello y con las piernas a sus caderas. Con un impulso me subió
a la encimera, me quito la poca ropa que quedaba e hizo lo mismo con la suya y comenzó
a hacerlo. Cada vez aumentaba un poco el ritmo.
A mi ya me costaba respirar. Él no dejaba de besarme en ningún momento. Era
la primera vez que realmente le sentía mío, mío y de nadie más.
En ese momento se apagó la música y no tardaron en tocar a la puerta.
- Chicos ¿estáis ahí? - dijo Helen.
- Si, ya era hora de que os dieseis cuenta - dije yo mientras nos vestíamos
a la velocidad del rayo.
- Han ido a buscar la llave, ahora mismo os sacan.
Por suerte cuando abrieron la puerta ya estábamos vestidos.
- ¿Pasa algo? - dijo Helen arqueando una ceja.
- No ¿que va a pasar?
-Estáis sudando.
- Emm... hace calor y llevamos horas encerrados, será eso... - dije encogiéndome
de hombros.
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