domingo, 1 de junio de 2014

Capítulo diecisiete.

[ Narra Emma ]

Me armé de valor y abrí la puerta del despacho. Pasé y cerré la puerta a mi espalda. El director estaba sentado en su mesa mirándome fijamente.

- Señorita Emma, no quisiera tener problemas con usted desde el primer día de clase.
- Lo siento señor director.
- No, creo que ya es lo bastante mayorcita para hacer lo que quiera, pero cada cosa tiene su lugar.
- Le prometo que no volverá a ocurrir.
- Por supuesto que no volverá a ocurrir, está usted expulsada hasta nueva orden. Hágaselo saber a sus padres cuando llegue a casa, y explíqueles el porqué.
- Pero señor... - hice un intento de darle pena para que no me hiciera tener que decírselo a mis padres, pero fue inútil.
-  Cierre la puerta del despacho cuando salga, por favor. - Me interrumpió.

No dije nada más, cerré la puerta y salí del despacho. Álvaro estaba esperándome fuera con el coche.
Me subí y me miró esperando que le dijese algo.

- Me han expulsado, y quiere que se lo día yo personalmente a mis padres.
- Tranquila, voy a estar ahí contigo y si pasa algo cargare con la culpa.
- No, yo tengo mucho menos que perder, la culpa me la cargare yo.

Me llevó a casa, no dijimos nada en todo el camino. Al bajar del coche me dio la mano y me acompañó hasta la puerta, esta se abrió antes de que yo pudiese meter a llave. Ahí estaba Marta con una cara de enfado impresionante. Pasé y vi como en el sofá estaban sentados mi padre y Carlos que se sorprendió al ver entrar a Álvaro cogido de mi mano.

- ¿Nos vas a explicar porque ha llamado el director diciendo que tenías una noticia importante que darnos? - Dijo mi padre.
- Me han expulsado - dije intentando que no me preguntaran el porqué, aunque era evidente que iban a hacerlo.
- Eso ya lo sabemos - dijo Marta - queremos saber el porqué.

Comenzó a temblarme el pulso. No sabía como decírselo, sentí que me mareaba y me senté en el suelo, estaba a punto de desmayarme.

- Mamá, lleva mucho tiempo en el hospital, está débil, no seáis tan duros con ella, seguro que es una tontería, ya sabéis como es ese director. - Me defendió Carlos.
- Si fuera una tontería no le daría tanto miedo contarlo, sólo queremos saber el porqué - dijo mi padre.

Intente decirlo, pero me puse muy nerviosa y no me salían las palabras, sabía cómo era mi padre para el tema de los chicos y sabía cómo iba a reaccionar. Álvaro me agarró de la mano y me acaricio el pelo.

- Tranquila, se lo diré yo - miró a mi padre, incluso con un poco de miedo - La han expulsado por acostarse conmigo en una de las clases.

La cara de mi padre se convirtió en un poema. Carlos que aún no había terminado de comer y estaba bebiendo agua la escupió.

- ¿QUE? - Grito mi padre al borde del infarto. - ¿Pero tú no te casabas el domingo? - Le pregunto a Álvaro.
- Si, pero eso es algo que tengo que solucionar yo, no tiene nada que ver con ustedes.
- Emma, sube a tu habitación y tu Álvaro, vete con tu futura mujer que creo que tienes que hablar con ella.

Futura mujer, esas palabras retumbaron en mi mente. Puede que Álvaro me quisiera pero eso no iba a cambiar que en tres días el estaría en el altar con otra chica. Iba a llorar, no quería que nadie me viese, salí corriendo y me encerré en mi habitación.




[ Narra Álvaro ]


Decidí irme, sería mejor no discutir más. Aun no sabía que iba a hacer al llegar a casa. Tenía que decirle a Lidia que estaba enamorado de Emma, pero a ella también la quería. No quería perderla pero tampoco podía casarme con alguien estando enamorado de otra persona.
Abrí la puerta de casa. Lidia seguía preparándolo todo.

- Ya estoy aquí - grité mientras cerraba la puerta a mis espaldas.
- ¿Que tal la comida cielo? ¿Alguna novedad? - dijo saliendo a la puerta a recibirme.
- No, todo normal. Pero tenemos que hablar.
- Aww, luego hablaremos, ahora vamos a jugar.

Me besó. Intenté pararla pero fue imposible, no hacía caso a mis palabras e interrumpía todas mis frases con besos.
Al final caí, una vez más y fui incapaz de decirle lo que me pasaba. Se lo diría al día siguiente, tenía que ser antes de la boda, no podía hacer una locura.

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