sábado, 31 de mayo de 2014

Capitulo dieciseis.

[ Narra Emma ]


El sonido del despertador me despertó. Le di un puñetazo y me tapé la cabeza con la sabana.

- De eso nada niña. - rió Carlos. - Venga arriba, que tienes que ir a clase.
- Dios Carlos, déjame que tengo resaca.
- Normal, menuda fiesta nos montamos a noche, hay que repetir.
- Claro, como tú no tienes que ir a clase.
- Ventajas de ser mayor. - Me tiró un cojín - Anda levanta.

 Me levanté y le devolví el golpe con el cojín.
 Bajé a desayunar, Marina ya estaba esperándome, no recordaba que era la única del grupo que aún seguía yendo al instituto.

 - Voy a darme prisa - dije mientras me bebía un vaso de leche a toda velocidad.
- Tranquila, he venido con tiempo de sobra.

Subía a mi habitación y me vestí, me puse una camisa vaquera abierta con una camiseta blanca debajo, unas mallas negras y unas vans de tela vaquera. Me maquillé y me planché el pelo. Busque una mochila en el armario y metí un estuche y algunos folios por si teníamos que apuntar algo y bajé corriendo.

- ¿Vas maquillada y con el pelo planchado? - dijo Marina. - Menos mal que te ibas a dar prisa.

Reí y salimos de casa. David nos llevó a la puerta del instituto. Algunas chicas se abalanzaron sobre el coche llamando a David. Marina le dio un beso y nos bajamos del coche abriéndonos paso entre aquellas chicas.
Marina me llevo cogida de la mano andando rápido por los pasillos del instituto hasta que llegamos a clase, por suerte me había tocado con ella y no iría sola.
Pasamos y nos sentamos al final de la clase.

[ ... ]

La mañana se me pasó bastante rápida. Apenas tuvimos que copiar el horario y algunas cosas del material que necesitábamos.
Cuando me di cuenta estaba sonando el último timbre que indicaba que podíamos salir y volver a casa.
Uno de mis compañeros se acercó a mi.

- Perdona ¿Emma no?
- Si, dime
- He visto que estabas copiando y me preguntaba si me podrías dejar que me apunte lo del material que me he perdido a mitad.
- Claro, toma.

Le dejé la carpeta con los folios con la mala suerte que se le cayó y todos los folios quedaron esparcidos por el suelo.

- Bueno, déjalo, que tengo prisa, ya se lo pido a otro - dijo el chico saliendo corriendo de la clase, ya no quedaba nadie.
- Gracias eh - dije irónicamente.
- No le odies, le he pagado para que te entretuviera - oí una voz detrás mío. Era Álvaro.
- ¿Ya hasta pagas por verme sufrir no?
- En realidad, era para verte a solas.. - dijo mientras me ayudaba a recoger los folios - ¿no me ibas a decir que habías despertado del coma?
- Lo sabías, y tu hay muchas cosas que tampoco me has dicho.
- Pues quizá es el momento de decir todo lo que no nos hemos dicho ¿no?
- Esta bien, empieza tu.
- Vale, me voy a casar con Lidia, aunque supongo que ya lo sabrás así que, buscaré algo que no sepas... a ver... cuando me dijeron que estabas en coma mi mundo se vino abajo, el pensar en no volver a verte hizo de mi vida un infierno. Pase lo que pase eres una gran amiga y no quiero perderte, NUNCA. - hizo una pausa - Te toca.
- Vale, la noche del accidente salí para intentar olvidarme de ti. Confié en ese chico y me subí a esa moto porque sentía que pasase lo que pasase no tenía nada que perder, ya te había perdido a ti y eso era lo único que me importaba. Estaba tan sumamente borracha, y enamorada, si, ENAMORADA DE TI, que por un momento podría jurar que para mi mente, el que iba en la moto eras tú, estuve a punto de morir y solo pensaba en TI. - Las lagrimas comenzaron a salir de mis ojos - Pero eso no es todo, el día del accidente, perdí al bebe, a NUESTRO bebé, estaba embarazada de ti. Puede que lo único que me uniese a ti fuese aquel niño, y lo perdí, y ahora lo he perdido todo, te he perdido a ti, y ¿sabes que es lo que más deseo en este momento? Volver a ese puto coma en el que solo había oscuridad, ya que esa oscuridad tenía mucha más luz que mi vida sin ti.

Álvaro fue incapaz de pronunciar ni una sola palabra. Simplemente se acercó a mí y me besó.

- Ni se te ocurra volver a separarte de mí - me dijo secándome las lágrimas.
- No pienso hacerlo.

Le volví a besar. Note que su mano, temblorosa por lo que iba a pasar y por las consecuencias que podía tener, recorrió todo mi pelo mi espalda hasta que llegó a mi cintura, presiono sobre ella y pegó mi cuerpo al suyo. Cada beso que me daba lo disfrutaba más y más recordando lo que los echaba de menos aquella noche. Por muchos chicos que yo hubiera besado o fuera a besar ninguno sería capaz de igualar esos besos que me llevaban a orto mundo. Con su ayuda me subí a una de las mesas y agarré su cintura con mis piernas. Me quitó la camiseta y me tumbó sobre la mesa. Cogió uno de los rotuladores permanentes de mi estuche y escribió sobre mi cuerpo: "Te amo" y a continuación lo firmo.

- No firmaras autógrafos así todos los días.- reí.
- No, pero me gustaría hacerlo.

Le quité el rotulador, le quité la camiseta y escribí lo mismo sobre sus abdominales, a continuación lo firme.

- Déjate de tonterías - cogió el rotulador y lo tiró.

Volvió a pegar su cuerpo al mío y volvió a besarme. Me volví a agarrar a su cintura con las piernas y a su cuello con los brazos. Su boca ardía, recorrió con ella todos los centímetros de mi cuerpo, desde la boca hasta la cintura. Le desabroché el cinturón y le quite el pantalón, el hizo lo mismo con mi mayas. Estaba tan pegada a él que prácticamente no pasaba el aire entre nosotros. Me quitó lo que me quedaba de ropa y comenzó a hacerlo lentamente. Tampoco tenía prisa, tan solo quería disfrutar de él , de sus besos, de su cercanía, de todo eso que había echado en falta aquella noche y que tenía muy claro que fuera como fuese no podía volverme a faltar. Ninguno de los dos pronunciaba una palabra, los besos hablaban por si solos. Hablaban del deseo y de las ganas que ambos nos habíamos estado teniendo durante tanto tiempo. Sudábamos, en nuestros cuerpos ya no quedaba nada de lo que habíamos pintado con los rotuladores, solo manchas de tinta. Grite su nombre y él se excito aún más. Me tumbó sobre las mesas y comenzó a hacerlo con más fuerza. Todos los rotuladores y los papeles acabaron por los suelos. Lo había sentido tan lejos que ahora tenerlo tan cerca me parecía un sueño.  Tenía que reconocer que Álvaro lo hacía cada vez mejor.
Ni siquiera había recordado que estábamos en un instituto hasta que oí que alguien tosía desde la puerta. Y
 al girarme y ver al director del instituto mi corazón pasó de ir a mil por hora a pararse en seco.

- Señorita Emma, vístase y acompáñeme al despacho. Y usted señor Gango, vístase y espere fuera, ya sabe que los ex alumnos siempre son bienvenidos, pero no para este tipo de cosas. De gracias, que no voy a delatarle porque podría tener riesgos para esa carrera que tanto le ha costado conseguir.

Ambos hicimos caso. Nos vestimos y salimos del aula. Álvaro me besó y tras pronunciar un "te espero fuera", salió del instituto. Me quedé unos segundos pensando en el beso que acababa de recibir, ese beso no era como los otros, era especial, ese beso ya no era por deseo, si no por amor, y esta vez era real.
Puede que eso fuera lo que me diera valor para abrir la puerta y entrar en el despacho de aquel furioso director...

1 comentario: